El viaje de Mitrovice a Mostar lo hago en autobús por Montenegro. Aprovecharé para visitar Kotor, ciudad montengrina que es Patrimonio de la Humanidad.
El viaje nocturno en bus, de los peores de mi vida. Once horas de noche, sin pegar ojo. Un serbio de Mitrovice del asiento de al lado me apretuja toda la noche de manera involuntaria. Es demasiado grande. La carretera, indescriptible. No he sentido en mis huesos más baches jamás.
Sobre las ocho de la manana, lo que queda de mi se baja en la estacion de autobuses de Kotor, que a mi se me antoja en medio de la nada. La idea de cargar con la mochila en este estado, imposible.
Desde las ocho hasta las dos de la tarde deambulo buscando el hostal que habia buscado en internet la noche antes. Ni Dios sabe donde está, ni cual es la calle. Es la segunda ya. Desesperada, pregunto en un par de apartahoteles y ni rastro de esperanza. Todo lleno. Es lugar de playa y tanto los serbios como los bosnios abarrotan Kotor y Budva.
Converso con un policia que toma tranquilamente un cafe turco infinitamente amargo y que chapurrea algo de ingles. Me ofrece una habitacion en casa de un amigo suyo, que aparece de pronto como por arte de magia. Lo acepto sin dudar. Mi desesperacion y mi cansancio no tienen limites. Me subo en un simca 1000 al lado de un tipo que apesta a sudor, sin darme cuenta de que no habla NADA de ingles. Ni de nada. Me sube a lo alto de la ciudad vieja a un barrio tipo Albaycin. La casa resulta ser una cueva cercana a la infravivienda. Una sola habitacion donde hay una sola cama deshecha y un sofa cama Me temo lo peor, y casi sin decir esta boca es mia cojo la mochila de nuevo y ando Albaycin abajo a punto de hacerme el harakiri.
Me quedan pocas opciones. Y no puedo mas. Estoy muerta. Llamo a la base de Mostar donde los periodistas catalanes me esperan al dia siguiente. Me comentan que no les viene demasiado bien que aparezca un dia antes. Milagrosamente delante de mis narices un hotel (Hotel Vardar) que me llama. Un poco pijo, parece un palacio. A estas alturas ni siento ni padezco y todo me da igual. Pido una habitacion, y sí, hay libres. Solo un pequeno detalle que me ha pasado desapercibido antes. Es hotel es de 5 estrellas. Me da igual. Mando mi espiritu mochilero a tomar viento en medio minuto. Mi habitación es como un estadio de futbol y el bano, ni siquiera puedo describirlo. Me ducho y me duermo profundamente.
Mi estancia en Kotor muy breve. Una tarde de bano en la playa, un paseo por la antigua ciudad y una desayuno en la plaza del Reloj. Muy pintoresco pero demasiado turistico. La costa dalmata se está poniendo imposible; no solo los precios te aturden sino también el ambiente de Marbella acartonada. Me da la sensación de que los nuevos ricos del este, sobre todo los rusos, tienen aquí un paraiso.
De nuevo en la Autobuska Staniča cojo a las tres el autobús de Mostar. Hay que atravesar dos fronteras nacionales, la de Montenegro con Croacia y la de Croacia con Bosnia-Herzgovina. Los pasajeros, bosnios que vienen a pasar uno o dos dias a la playa y dos o tres mochileros despistados. Más despierta ya observo el paisaje magnifico. La costa montenegrina, desde la Bahia de Kotor hasta Dubrovnik es espectacular.
Cinco horas de viaje me esperan hasta Mostar pero finalmente se convierten en siete. El autobus nos deja tirados a 20 km de Mostar y nos toca esperar el repuesto. A las diez y media llego a la estación de autobuses de Mostar parte musulmana. Solo queda encontrar la calle Ahmeta Pintula pero no se si seré capaz con la empanada mental que tengo. Decido llamar a la organización y diez minutos después un tal Pere me recibe con un "Bienvenida a Mostar" medio catalán que me sabe a gloria.